Yo quiero ser la voz de esta tierra,
porque es de esta tierra que quiero hablar,
me presto a ello pues mi alma encierra
sentimientos, que no deseo callar.
Hoy hablo de ti tierra madura,
he de destacar tu gran variedad,
desde los montes, nieve y altura,
hasta el nivel bajo de nuestro mar.
Eres querida, tierra almeriense,
por los que te vienen a visitar,
de todas partes llegan a verte,
del norte, el sur, de más allá del mar,
todos buscando la buena suerte,
todos forjándose acá un buen hogar.
Por orden alfabetico.
Narcótico: Procura un sueño pesado y artificial, a menudo acompañado de pérdida de sensibilidad.
Oftálmico: Util para tratar cierta afecciones del ojo o de párpado.
Parasiticida: Destructor de parásitos (insectos, ácaros, gusanos).
Pectoral: Ejerce una acción benéfica sobre el aparato respiratorio. Las plantas béquicas y las expectorantes son pectorales.
Purgante: Laxante muy fuerte, que acelera el peristalismo, pudiendo irritar la mucosa intestinal.
Refrescante: Calma la sed y baja la temperatura corporal. Las plantas aciduladas suelen ser refrescantes.
Remineralizante: Por su aportación de sales minerales y oligoelementos permiten restaurar el equilibrio mineral del cuerpo.
Revulsivo: En aplicación externa produce un enrojecimiento de la piel que evita o mejora un proceso interno más peligroso. En uso interno contribuye a descongestionar los órganos.
Rubefaciente: Produce irritación y enrojecimiento de la piel.
Salimos de Almería dirección Málaga, tras diez kilómetros de pasar por túneles, acantilados, cornisas, paredes verticales y robustos escarpes que se adentran en el mar, se llega a Aguadulce, una zona turística repleta de apartamentos, hoteles, restaurantes y su puerto deportivo que se transforma en zona de ocio, placer y vida nocturna, un sitio magnifico para disfrutar del Mediterráneo, el sol y la playa.
Quien fía o promete, en deuda se mete.
Las promesas o los compromisos deben se cumplidos. Así lo certifica también el proverbio, “LO PROMETIDO ES DEUDA”. En cuanto al refrán, recuerda la obligatoriedad, un tanto caballeresca, de llevar a efecto nuestras promesas, y por tanto, nos aconseja revisar todos los refranes que recomendaban prudencia en el hablar. El hombre, más fanfarrón que sensato, ha empeñado su palabra muy a menudo con promesas estrafalarias. Las malas lenguas dicen que Rodrigo Díaz de Vivar aseguró que no se rasuraría la barba hasta que el honor no le fuera restituido por el rey Alfonso; y de la reina Isabel se comentaba que se había impuesto no adecentarse hasta no haber tomado la ciudad de Granada. Con todo, las promesas más extravagantes aparecen en las leyendas de la caballería andante: reyes que prometen casar a sus hijas con el caballero que libre al reino de un dragón, caballeros apostados en puentes y caminos obligando a los transeúntes a declarar que su amada es la más bella, héroes que se lanzan como posesos a la guerra con el compromiso de eliminar a quince mil turcos, etc. Pero, sin duda, el personaje caballeresco que más compromisos contrajo fue Amadís de Gaula. Este atareadísimo guerrero empeñaba su palabra para tantas acciones valerosas que llegaba a prometer su auxilio con plazos de varios años. (La aventuras de Amadís de Gaula las debemos, en su redacción definitiva, a Garci Rodríguez de Montalvo, en 1508.)















