Capitulo III – La Ciudad Apartada
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La Ciudad Apartada está rodeada de una empalizada de unos dos metros de altura, donde hay tres accesos que abren por las mañanas con luz solar y cierran antes del anochecer, esto para evitar que las alimañas de exterior deambulen en las noches por las calle de la ciudad. Pero son peores las “alimañas” que quedan dentro. Unos alaridos de muerte nos despiertan sobresaltados, se han oído muy cerca de este lugar, nos asomamos con cuidado por el hueco de ventana para ver el dramático espectáculo llevado a cabo por un grupo de esbirros de Waghi, capitaneados por un hombre corpulento y fuerte con cara de no querer amigos. Arrastran cogido por los pies el cuerpo de un hombre al que han decapitado, otro lleva asida por los pelos la cabeza del desdichado, andan vociferando por el logro, según ellos, este hombre quería escapar de la Ciudad Apartada para unirse al grupo de Tabo y Zanele, lo han cogido intentando cruzar la empalizada.
El sobresalto no nos deja volver a relajarnos hasta pasado un buen rato cuando se hace de nuevo el silencio de la noche.
Amanece, por la ventana de la habitación empieza a entrar la luz del sol. Miquel abre los ojos y ve como Julián sigue dormido sobre su camastro. La claridad en la habitación es cada vez mayor, el sol que por segundos se alza sobre el horizonte e intensifica su luz dentro del cuarto, hace que Julian se despierte.
Los dos se miran con cara de incertidumbre, como el que no sabe que pasará a partir de ahora. No tienen la más mínima idea de lo que van ha hacer en adelante dentro de la banda de Waghi, sólo saben que tienen que buscar al lugarteniente del egipcio, al que apodan “alimaña”, -por lo bestia y sanguinario que es- y ponerse a sus ordenes.
Se incorporan y se despejan la cara con agua clara, toman algo de fruta y beben agua. Se disponen a salir del lugar, están en la puerta y sin saber que dirección tomar, cuando se les acerca Agostinho, este les dice que los va a acompañar hasta donde está el lugarteniente de Waghi, les advierte del cuidado que deben tener, “alimaña” primero atiza y luego pregunta, no se anda con contemplaciones a la hora de demostrar quien es el que manda en el grupo, es la manera que emplea para mantener la disciplina, todos le temen y obedecen, es la mano derecha del “egipcio”. Tenéis que llamarlo por su nombre, Orrin, para no tener problemas con él, procede de Grecia.
Nos ponemos en marcha según nos indica Agostinho, cuando observo que nos van siguiendo dos hombres armados, se lo digo a mis compañeros y Agostinho me dice que esos dos han pasado la noche cerca de nuestra puerta vigilando por si decidíamos escapar. Al comentarle lo sucedido esa noche, no se extraña de nada. Eso es habitual –comenta Agostinho- estoy convencido –sigue diciendo- que primero le cortaron la cabeza y después le preguntaron que hacia allí, esa es la manera que tiene de actuar el “alimaña” y sus hombres, y todo con el consentimiento del “egipcio”.
Seguimos caminando por las calles, estoy absorto en mis pensamientos, me estoy acordando de Zarím, supongo que me tendrán localizado y escuchando todo lo que pasa al mi alrededor a través del transmisor que llevo en la ropa, si es así, espero que hagan algo para sacarnos de aquí, o quizá tengamos que esperar una oportunidad para escapar lejos de esta jauría.
contunuará…