DE GRANDES CENAS…
29 04 2008De grandes cenas están la sepulturas llenas.
Aviso contra los excesos de las cenas y los banquetes. Expertos en festines colosales eran los romanos, especialmente cuando el Imperio comenzó su decadencia y su degradación social. Petronio nos da, en su Satiricón, una idea acerca de estos banquetes: “Bien, tuvimos de primer plato un cerdo coronado con una longaniza, y morcilla alrededor, y menudillos estupendamente aderezados, y desde luego acelgas y pan negro hecho en casa, que yo prefiero al blanco: da fuerza; además, cuando hago mis necesidades no se me saltan las lágrimas. El plato siguiente fue una torta de queso fría bañada en miel caliente, mezclada con un excelente vino de España. En verdad la torta ni la probé; pero de miel me atraqué cuanto pude. Alrededor llevaba garbanzos y altramuces, nueces peladas a discreción y una manzana por cabeza. Bueno, yo cogí dos. Nos pusieron ante nosotros un trozo de carne de oso; sin pensarlo, Escintila probó de ella y a punto estuvo de vomitar sus propias tripas; yo, en cambio, comí más de una libra, pues sabía exactamente como el jabalí. Al final, tuvimos requesón y arrope y un caracol para cada uno y un trozo de tripa e higadillos en una cazuela y huevos encapuchados y nabo y mostaza y un platillo lleno de mierda… También en un cuenco circularon olivas aliñadas, de las que algunos descarados cogieron tres puñados. El jamón nos lo ventilamos”. Cuando los romanos acababan estos festines lujosos y excéntricos, en ocasiones vomitaban para poder seguir degustando más y mas platos, hasta reventar.
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