LA SIMA (capitulo II)

17 08 2008

Pagina 17

Ya en la sala, me doy cuenta que entre los que hemos vuelto no está Noemí, me dicen que ella y Zanele venían detrás, se han quedado en la entrada del bosque sin poder salir, porque volvían los hombres del Waghi. Sin pensarlo salgo en busca de ellas, dos hombres me siguen, bajamos todo lo deprisa que podíamos, con la necesaria precaución de no delatar nuestra presencia. Ahí están los hombres del egipcio, han visto nuestras huellas y las están siguiendo, vienen en esta dirección, va a ser imposible que no nos vean, el enfrentamiento será desigual ya que nos triplican en número y no podemos hacer otra cosa que dar la cara.
Le digo a uno de los que vienen conmigo que se quede atrás escondido, para nosotros llamar su atención y desviarlos de la dirección de la entrada a la cueva, él tiene que dar un rodeo y buscar a las dos mujeres, es necesario que Noemí consiga preparar las infusiones con las hierbas que hemos recolectado para sanar al grupo enfermo.
Cuando nos ven, se dispersan haciendo un circulo intentando rodearnos, ellos son nueve y nosotros solo dos, así que no ofrecemos resistencia. Ya nos tienen, espero que esto les quite la idea de seguir buscando. Nos atan las manos con fuerza y el otro extremo de la soga a la única montura que llevan, obligándonos a marchar con ellos. Al menos creen que han apresado a los que buscaban. Por suerte no van muy deprisa y podemos resistir la marcha sin caer al suelo.
Llegamos al núcleo de la ciudad apartada ya anocheciendo, nos encierran en una habitación sin iluminar, cuando la vista se adapta a la oscuridad vemos que en un rincón hay alguien sentado en el suelo, con la cabeza entre sus rodillas, le pregunto quien es y porque está aquí, no podemos oír nada de su boca, porque nada dice.
Ha amanecido, lo se por la tenue luz que pasa por el pequeño espacio que hay entre la puerta y el suelo.
Veo con mas claridad la figura del hombre que está recostado en el rincón frente al que estoy, está despierto, con la cabeza erguida, ya no la tiene entre las rodillas, me incorporo y me acerco hacia él, también se levanta, al verle la cara lo reconozco, es el hombre que nos apuntó con un arco y flecha.
Tu eres el hombre que nos dejó marchar a Noemí y a mi –le digo–. Calla que no te oigan –me dice–, por ese motivo estoy aquí, no lo saben con certeza, sospechan que os dejé marchar; aunque siempre lo he negado, así que yo no te conozco de nada y tu a mi tampoco. Mi nombre es Agostinho, llegué aquí hace 27 días enviado por Zarím, cuando iba en busca de Thabo me sorprendieron los hombres del egipcio y me vi obligado a unirme a él si quería vivir, aquí soy cazador, es mi trabajo tengo que conseguir alimentos de caza para el grupo cada día sin excepción, porque si no traigo nada, tengo otras dos opciones: trabajos más pesados bajo vigilancia, o la muerte en una pelea con los hombres más fuertes.
Siendo cazador tengo libertad de movimiento, he podido contactar con Thabo una vez y con su gente dos veces, aquella vez que os deje marchar a ti y a la mujer, venía de una reunión con Zanele, estábamos preparando el regreso del grupo a Kalguer, lo difícil era el traslado de los enfermos por eso llevamos tanto atraso.
Dentro de unas horas os llevaran ante Waghi, tenéis que negar que me habéis visto antes de ahora, este no respeta nada y le importa una mierda la vida de los demás.

continuara…


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