LA SIMA (capitulo II)
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Al vernos llegar el griterío de la jauría allí reunida aumento lo suficiente como para ensordecer cualquier mediana voz a una distancia de un metro. Están alterados, el egipcio deja subir el estado de crispación, parecía disfrutar viendo a su gente exaltada insultándonos hasta la extenuación, por suerte para nosotros, por miedo a las represalias de Waghi, no se atreven ni tan siquiera a amenazarnos con las armas que llevan, solo escuchamos sus agravios dirigidos a nosotros, hasta que los manda callar, cosa que hicieron de inmediato al levantar el líder los brazos, en eso ya estamos en lo más bajo de esa ancha escalinata de solo cinco peldaños, donde nos hacen arrodillar e inclinar la cabeza en un gesto de sumisión, intento levantar la cabeza y el golpe que recibo es tremendo, tanto, que un hilo de sangre chorrea de la brecha que me han abierto.
Tengo la sensación de que estamos en la antesala de nuestro juicio, el caso es que no he oído aún ninguna acusación hacia nosotros, está claro que esta gente no respeta a nadie.
En el silencio se oye la voz del egipcio preguntándonos. “¿A que habéis venido, quien os manda?. Después del golpe recibido no me atrevía a abrir la boca; pero el mismo que me golpeó me obliga a levantar la cabeza a la vez que me dice: “Contesta a lo que te esta preguntando”. Acordándome de las palabras de Zarím, le dije que nos habían expulsado del otro lado del muro por haber cometido algunos delitos de robo. No conforme con lo dicho me alentó a que le explicara con detalle todas mis fechorías, le dije que había robado una lanzadera y con el compañero nos desplazamos a la ciudad del oeste “Goltar”, allí quisimos tener relaciones, obligando a dos mujeres que consiguieron escapar y nos denunciaron, antes de que llegaran las fuerzas del orden, volvimos a Kalguer, llegamos a la “ZSC Sector-10”, que está al norte de la ciudad para comer algo; pero ahí nos estaban esperando; nos dejaron entrar a la zona de servicio sin delatarse, había más gente que nunca, todos tomando alimentos y bebidas, cuando estuvimos sentados comiendo relajados, creyéndonos a salvo, los ocupantes de las tres mesas más próximas a la nuestra se levantaron a la vez rodeándonos, lograron reducirnos y maniatarnos por la espalda. Un día después nos obligaron a cruzar el muro y por eso estamos aquí.
Waghi se queda pensativo durante un breve tiempo, muy corto; aunque a mi se me hace una eternidad, por fin dice: llevarlos a las jaulas y encerrarlos hasta que decida su destino.
Nos llevan a un montículo lo suficiente alto como para ser visible desde casi todos los puntos, encima del mismo hay colocadas varias jaulas metálicas sin protección para el sol, el frío o el viento, dado a la estrechez de las mismas solo podemos estar de pie. Menuda noche nos espera sin poder recostarnos para echar una cabezada; pero no sabemos que es peor si la noche o lo que nos aguarda mañana. Resignados, no nos queda otra que aceptar la situación, debemos relajarnos para quitar tensión y de la forma que sea descansar lo más posible a pesar del estado en que nos vemos. Cuanto antes aceptemos este momento, antes podremos descansar, para mañana afrontar lo que nos pueda venir con más fuerza moral.
continuará…




