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Frutos y amores,…

Frutos y amores, los primeros los mejores.

Este refrán sentimental recuerda que, como las frutas tempranas, los tiernos amores de la juventud quedan impresos para siempre en el corazón de los hombres y de las mujeres. El paso del tiempo hace concebir los tiempos pasados como los mejores que se han vivido y, por tanto, los amores que se forjaron en aquellos años se consideran también los más puros e intensos. Otro refrán poético que hace referencia a estos  sentimientos melancólolicos es el siguiente: NO HAY LUNA COMO LA DE ENERO, NI AMOR COMO EL PRIMERO.  La memoria de los amores primeros ha sido cantada por numerosos poetas en todas las lenguas, en todos los metros y en todos los estilos. Como ejemplo, a continuación extráctamos las tres primeras estrofas de El diablo mundo, Canto II, “A Teresa”, donde José de Espronceda describe los placeres y sentimientos de la edad y el amor perdidos.

¿Por qué volveis a la memoria mía,
tristes recuerdos del placer perdido,
a aumentar la ansiedad y la agonía
de este desierto corazón herido?
¡Ay! Que de aquellas horas de alegría,
le quedó al corazón sólo un gemido,
¡y el llanto que al dolor de los ojos niegan,
lágrimas son de hiel que el alma anegan!

¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas
de juventud, de amor y de ventura,
regaladas de músicas sonoras,
adornadas de luz y de hermosura?
Imágenes de oro bullidoras,
sus alas de carmín y nieve pura,
al sol de mi esperanza desplegando,
pasaban ¡ay! a mi alrededor cantando.

 

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