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	<title>Eufrasio Poesia y Literatura &#187; Prosa</title>
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	<pubDate>Sun, 30 Nov 2008 22:34:53 +0000</pubDate>
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		<title>LA SIMA (capitulo II)</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2008 01:45:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eubersa</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[Pagina 18
Mientras fuera, el hombre que se quedó escondido, había encontrado a Zanele y Noemí, le relató el encuentro que  habíamos tenido con los hombres de Waghi. Estaban en el proceso de preparación de las tisanas que debían dar a los enfermos, en realidad por nosotros nada podían hacer,  cuestión de prioridades y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">Pagina 18</p>
<p>Mientras fuera, el hombre que se quedó escondido, había encontrado a Zanele y Noemí, le relató el encuentro que  habíamos tenido con los hombres de Waghi. Estaban en el proceso de preparación de las tisanas que debían dar a los enfermos, en realidad por nosotros nada podían hacer,  cuestión de prioridades y la primera era sanar a todos los que padecían la enfermedad de la tos.<br />
Se abre la puerta para sacarnos de aquella maloliente habitación, no había donde poder defecar y alguno de los que me acompañaron esta noche tuvo la necesidad de hacerlo.<br />
Nos llevaban maniatados ante la presencia del egipcio según nos comento Agostinho, íbamos delante escoltados por seis hombres de Waghi, detrás a unos veinte metros venía Agostinho acompañado por un solo hombre, observe que a él no lo ataron. Me dice mi compañero que el egipcio es impredecible, no se rige por normas, todo lo que hace o dice es producto de la improvisación, nadie, ni sus más allegados saben como puede reaccionar en cada momento, todo depende de como le caigas y la impresión que le causes en el primer momento que te ve.<br />
Según íbamos cruzando las calles de este sitio recordé las palabras que me dijo Zarím antes de cruzar a este lado: (“si te coge el grupo del egipcio, debes seguirlos y hacer hasta donde puedas, lo que te pidan para evitar males mayores,  llevarás un transmisor camuflado en tu ropa a la altura del pecho que solo emite y no recibe señal”).<br />
No tengo posibilidad de comprobar si el transmisor sigue emitiendo o no, por suerte aquí no tienen nada, carecen de todo tipo de medios electrónicos por lo que no podrán saber que estoy emitiendo por radiofrecuencia, esta señal la reciben al otro lado del muro a través de unos instrumentos llamados radiointerferómetros, este sistema en apariencia es sencillo, ellos tiene que localizar la señal que emite mi transmisor y que lo hace en radiofrecuencia con un ancho espectral igual o menor a 300 Hz., que es el espacio en la banda que utiliza una transmisión. Con esta técnica que Zarím la denomina (“Interferometría de Línea de Base Extensa”), I.L.B.E. y que asocia radiotelescopios situados en lugares distintos, se pueden obtenerse resultados realmente exactos en cuanto a alcance y precisión.  Se monitorizan a la vez todos los canales de radio, escucha realizada por ordenadores; pero cada señal está identificada por un código que emite cada uno de los radiotransmisores, por lo que es fácil saber donde estoy en cada momento y cual es la conversación que tengo y con quién, ya que pueden elegir captar mi señal en directo y todo el tiempo. Solo espero que sea así y estén escuchando.<br />
Salgo de mis pensamientos, porque cada vez se oye más cerca el vocerío de hombres y mujeres, que al parecer están agrupados en un punto concreto donde nos estamos acercando, ese debe ser el sitio donde se reúnen en asamblea, saben que nos estamos  aproximando y están alterados por el acontecimiento. Al doblar una esquina llegamos a una plaza, al otro lado, sobre una escalinata, está Waghi.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>continuará&#8230;</strong></p>
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		<title>LA SIMA (capitulo II)</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Aug 2008 23:13:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eubersa</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Pagina 17
Ya en la sala, me doy cuenta que entre los que hemos vuelto no está Noemí, me dicen que ella y Zanele venían detrás, se han quedado en la entrada del bosque sin poder salir, porque volvían los hombres del Waghi. Sin pensarlo salgo en busca de ellas, dos hombres me siguen, bajamos todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">Pagina 17</p>
<p>Ya en la sala, me doy cuenta que entre los que hemos vuelto no está Noemí, me dicen que ella y Zanele venían detrás, se han quedado en la entrada del bosque sin poder salir, porque volvían los hombres del Waghi. Sin pensarlo salgo en busca de ellas, dos hombres me siguen, bajamos todo lo deprisa que podíamos, con la necesaria precaución de no delatar nuestra presencia. Ahí están los hombres del egipcio, han visto nuestras huellas y las están siguiendo, vienen en esta dirección, va a ser imposible que no nos vean, el enfrentamiento será desigual ya que nos triplican en número y no podemos hacer otra cosa que dar la cara.<br />
Le digo a uno de los que vienen conmigo que se quede atrás escondido, para nosotros llamar su atención y desviarlos de la dirección de la entrada a la cueva, él tiene que dar un rodeo y buscar a las dos mujeres, es necesario que Noemí consiga preparar las infusiones con las hierbas que hemos recolectado para sanar al grupo enfermo.<br />
Cuando nos ven, se dispersan haciendo un circulo intentando rodearnos, ellos son nueve y nosotros solo dos, así que no ofrecemos resistencia. Ya nos tienen, espero que esto les quite la idea de seguir buscando. Nos atan las manos con fuerza y el otro extremo de la soga a la única montura que llevan, obligándonos a marchar con ellos. Al menos creen que han apresado a los que buscaban. Por suerte no van muy deprisa y podemos resistir la marcha sin caer al suelo.<br />
Llegamos al núcleo de la ciudad apartada ya anocheciendo, nos encierran en una habitación sin iluminar, cuando la vista se adapta a la oscuridad vemos que en un rincón hay alguien sentado en el suelo, con la cabeza entre sus rodillas, le pregunto quien es y porque está aquí, no podemos oír nada de su boca, porque nada dice.<br />
Ha amanecido, lo se por la tenue luz que pasa por el pequeño espacio que hay entre la puerta y el suelo.<br />
Veo con mas claridad la figura del hombre que está recostado en el rincón frente al que estoy, está despierto, con la cabeza erguida, ya no la tiene entre las rodillas, me incorporo y me acerco hacia él, también se levanta, al verle la cara lo reconozco, es el hombre que nos apuntó  con un arco y flecha.<br />
Tu eres el hombre que nos dejó marchar a Noemí y a mi –le digo&#8211;. Calla que no te oigan –me dice&#8211;, por ese motivo estoy aquí, no lo saben con certeza, sospechan que os dejé marchar; aunque siempre lo he negado, así que yo no te conozco de nada y tu a mi tampoco. Mi nombre es Agostinho, llegué aquí hace 27 días enviado por Zarím, cuando iba en busca de Thabo me sorprendieron los hombres del egipcio y me vi obligado a unirme a él si quería vivir, aquí soy cazador, es mi trabajo tengo que conseguir alimentos de caza para el grupo cada día sin excepción, porque si no traigo nada, tengo otras dos opciones: trabajos más pesados bajo vigilancia, o la muerte  en una pelea con los hombres más fuertes.<br />
Siendo cazador tengo libertad de movimiento, he podido contactar con Thabo una vez y con su gente dos veces, aquella vez que os deje marchar a ti y a la mujer, venía de una reunión con Zanele, estábamos preparando el regreso del grupo a Kalguer, lo difícil era el traslado de los enfermos por eso llevamos tanto atraso.<br />
Dentro de unas horas os llevaran ante Waghi, tenéis que negar que me habéis visto antes de ahora, este no respeta nada y le importa una mierda la vida de los demás.</p>
<p align="right"> <strong>continuara…</strong></p>
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		<title>LA SIMA (capitulo II)</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jun 2008 20:29:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eubersa</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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Una vez fuera, bajamos hasta llegar a una zona de bosque, nos internamos en su espesor, al cruzar por su parte más densa y oscura pudimos recolectar suficiente  muérdago que crece en los troncos por ser una planta parásito, curiosamente a la entrada de esta zona también vimos hiedra rodeando algunas coníferas, es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">Pagina 16</p>
<p>Una vez fuera, bajamos hasta llegar a una zona de bosque, nos internamos en su espesor, al cruzar por su parte más densa y oscura pudimos recolectar suficiente  muérdago que crece en los troncos por ser una planta parásito, curiosamente a la entrada de esta zona también vimos hiedra rodeando algunas coníferas, es una planta trepadora, sus ramas pueden alcanzar hasta veinte metros de altura, de ella haremos la recolección al salir de este bosque. Ya dispuestos a volver y desandar lo andado con el muérdago en las mochilas, nos damos cuenta de que nadie conoce el lugar lo suficiente para regresar sin perdernos, a ninguno se nos ocurrió ir dejando algún tipo de marca o señal para hacer el camino de vuelta por el sitio correcto. Sin amedrentarnos tomamos la decisión de continuar, no podíamos perder más tiempo, los enfermos necesitaban la medicación cuanto antes, así que dejamos a la intuición de Zanele que nos guiara hasta la salida del bosque. Ella se quejaba de no haber traído a su mascota  &#8211;se refería al ave rara que nos sorprendió&#8211; nos hubiera sacado de aquí sin duda alguna.<br />
Llevamos una hora de camino y al fin  se ve algo de claridad a unos metros delante de nosotros, llegamos a los primeros arboles, son los que están cubiertos de hiedra. Cuando nos disponemos a hacer la recolección, escuchamos unas voces no muy lejos, y  todos a la vez como si de una orden se tratara, buscamos unos matorrales para escondernos, queríamos evitar el enfrentamiento con los hombres del “egipcio”, no por temor, solo por los hombres y mujeres enfermos que estaban esperando su sanación con ansias. Aguantamos la posición en absoluto silencio, frente a nosotros pasa un grupo de hombres armados con picas, flechas y arcos en actitud guerrillera, marchan desordenados. El que va el primero del grupo se detiene y los otros hacen lo mismo para tomarse un descanso.Tenemos que encontrarlos y llevarlos ante Waghi, él quiere interrogarlos en persona, recordad que solo son dos, venían en esta dirección, no han podido llegar muy lejos, así que tienen que estar por esta zona –dice el cabecilla&#8211;.<br />
Por sus palabras deduzco que alguien nos vio en algún momento, después de cruzar la muralla y dio el aviso al “egipcio”, por eso andan buscándonos. Somos el objetivo de su misión.<br />
Pasado un breve espacio en el tiempo, de nuevo se ponen en marcha alejándose de nosotros, cuando los perdimos de vista, fuimos saliendo de nuestros escondites uno a uno, despacio y con la mirada puesta en el horizonte por donde se habían marchado, para asegurarnos que no volvían y no nos podían ver.<br />
Continuamos con la recolección de hojas, esta vez la hiedra, la hay en abundancia y es muy importante para la sanación de los enfermos. Cuando tuvimos suficiente cantidad, decidimos regresar, teníamos que salir del bosque a la zona de matorrales, con el riesgo de ser vistos, así que decidimos ir de dos en dos y de matorral en matorral, queríamos llegar a la ladera de la montaña y subir por ella hasta la entrada de la cueva sin ser vistos, por fin lo logramos, esto nos llevó casi una hora; pero ha valido la pena.<br />
Una vez dentro, vamos a la sala donde podemos preparar la decocción de las hierbas y dar la infusión de las mismas a los enfermos primero y luego a todos los demás.</p>
<p align="right"><strong>continuara…</strong></p>
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		<title>LA SIMA (capitulo II)</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 22:39:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eubersa</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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 Noemí la tranquiliza, asegurándola que hará todo lo que esté en sus manos para erradicar la enfermedad. Le dice, que lo primero que hay que hacer es inmunizar a los que están aún sin contagiar, para que no caigan y puedan ayudar a la sanación del resto. Vayamos a un lugar seguro donde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">Pagina 15</p>
<p> Noemí la tranquiliza, asegurándola que hará todo lo que esté en sus manos para erradicar la enfermedad. Le dice, que lo primero que hay que hacer es inmunizar a los que están aún sin contagiar, para que no caigan y puedan ayudar a la sanación del resto. Vayamos a un lugar seguro donde podamos preparar todo lo necesario para curar a los enfermos – termina diciendo-.<br />
Dispuestos a marcharnos guiados por Zanele y los hombres que la acompañan, nos precede la extraña ave. Vamos en dirección a la montaña, ahí es donde habita este grupo que nada tiene que ver con el “egipcio”.<br />
Ha transcurrido hora y media cuando llegamos al pié de la montaña, desde aquí no se ve la cima, el ascenso es lento y dificultoso por lo escarpado del lugar, a mitad de la ladera encontramos un hueco, está camuflado, si no lo conoces no te das cuenta que existe. Entramos de uno en uno por la estrechez del sitio, caminamos largo tiempo hasta llegar a una sala espaciosa, con un techo alto a modo de cúpula, es un hueco creado por la misma naturaleza, la belleza interior de la montaña. Caminamos hacia el otro lado de esta sala, vamos a descubierto ya que nada  hay en los doscientos metros de distancia entre pared y pared de esta cueva, vemos una vereda frente a nosotros por donde tenemos que ir uno detrás de otro. Subimos por la estrecha cuesta hasta lo más alto donde empieza una bajada; cuando de unos huecos que no se aprecian, van saliendo otros miembros del grupo.<br />
En este punto vigilamos el acceso, nos turnamos cada dos horas, &#8211;comenta Zanele&#8211; no podemos dejar que nos sorprendan, ahora lo hacemos desde aquí; pero antes de que nos afectara la epidemia, teníamos vigilada desde la entrada, toda la ladera de la montaña, con solo dos hombres que tenían que dar el aviso a estos de aquí si veían a alguien aproximarse, para preparar la defensa. Por suerte nunca nos han descubierto y no hemos tenido la necesidad de defendernos.<br />
Por unos pasadizos no muy anchos nos desplazamos hasta otra sala, esta más pequeña que la anterior, en sus paredes hay excavados unos huecos con suficiente altura y profundidad como para que les sirva de habitáculo, del exterior han ido trayendo ramas y troncos con los que se han construido sus camas, asientos y mesas. Otros pasadizos llevan a sendas salas con similares huecos en sus paredes, llegamos a una última que está dedicada a la preparación y cocción de los alimentos.<br />
Volvemos para ver a los enfermos y tratar de saber si es lo que nos dijo Zanele, el mal que padecen o es otra enfermedad. Mirados todos por Noemí, se confirma por los síntomas: tos compulsiva, algunos con vómitos y otros con expulsión de una especie de saliba espesa y viscosa. Es en efecto, “coqueluche”, &#8211;dice Noemí&#8211; lo que se conoce como “tos ferina”. Al subir por la ladera he visto unas hiedras y muérdagos, que nos pueden ayudar a paliar la enfermedad, hay que salir y recolectar todas las hojas que se puedan y hacer con ellas una infusión, para que se tomen dos tazas diarias, es lo mas rápido ya que se puede hacer con las hojas frescas, otras hierbas hay que usarlas desecadas y no podemos esperar a eso.<br />
Se organiza la expedición para ir a recolectar las hojas de hiedra y muérdago al exterior, Noemí quiere ir para supervisar la recolección, por lo que decido acompañarla, junto con seis hombres más.</p>
<p align="right"><strong>continuara&#8230;</strong></p>
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		<title>LA SIMA (capitulo II)</title>
		<link>http://www.eberzosa.com/2008/04/27/la-sima-capitulo-ii-3/</link>
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		<pubDate>Sun, 27 Apr 2008 19:41:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>eubersa</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Pagina 14
La vegetación no es abundante; aunque hay zonas con árboles por las que tendremos que ir para cubrirnos y evitar en lo posible ser vistos por los hombres del “egipcio”, caminamos zigzagueando entre las zonas verdes y las zonas de rocas, detrás de ellas y bajo los árboles, nos sentimos algo seguros.
Pasada una hora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">Pagina 14</p>
<p>La vegetación no es abundante; aunque hay zonas con árboles por las que tendremos que ir para cubrirnos y evitar en lo posible ser vistos por los hombres del “egipcio”, caminamos zigzagueando entre las zonas verdes y las zonas de rocas, detrás de ellas y bajo los árboles, nos sentimos algo seguros.<br />
Pasada una hora tomamos un descanso a cubierto de unas rocas lo suficiente grandes para no delatar nuestra presencia desde la distancia. Esta vez no descuidamos la vigilancia, nos turnamos cada quince minutos, mientras uno descansa, el otro no pierde de vista nuestro entorno más lejano, no deseamos ser sorprendidos ni dar la cara a no ser que veamos claro que son Thabo o alguien de su grupo.<br />
De nuevo continuamos dirección  a la montaña con la esperanza de encontrarnos con el grupo, el ocaso pronto dará paso a la noche.<br />
Llegamos a una zona donde la vegetación es mas densa, tenemos que abrirnos paso a través de ella, de pronto al dar un paso, noto que caigo en el vació por falta de tierra firme, voy a parar en una gran charca de agua a modo de albufera, el baño es total, todo empapado me incorporo, Noemí al ver que no me pasa nada grave no puede evitar una gran carcajada,  a la que me uno porque en el fondo el chapuzón me sentó bien. Con el ruido de la caída y nuestras risas una serie de aves habitantes de la charca elevaron el vuelo, esto puede llamar la atención de alguien que no este muy lejos y decidimos ocultarnos en una zona próxima a la espera de acontecimientos, deseando que quien viniera fuera alguien del grupo de Thabo y no otros.<br />
Ha pasado el revuelo y todo se ha calmado, en esto, caminando a través de la charca se acerca un ave extraña muy corpulenta, con zancas largas de color azabache, en vez de plumas tiene una especie de pelusa de color ceniciento oscuro, que deja ver la piel de un color rosáceo y brillante al reflejo de un sol de soslayo, el pico es de pala muy ancha, flexible y blando, al abrirlo se le ven unos dientes  de mamífero, cuando extiende sus alas se abre una membrana como la de los murciélagos, de su cabeza salen dos pequeñas protuberancias a modo de pabellón auditivo, los ojos oscuros uno a cada lado de una especie de bola negra con dos orificios, por los gestos parece estar olfateado el ambiente, creo que ha detectado nuestro olor. Viene despacio en la dirección que estamos, cuando llega a nuestra altura se queda como paralizado, no sabemos como va a reaccionar, estamos inmóviles, sin perderlo de vista. Nos observa con atención y nosotros a él, no queremos hacer ningún gesto para no asustarlo. De repente, detrás de nosotros, una voz nos indica que nos pongamos despacio las manos sobre la cabeza si no queremos ser atacados por la bestia que tenemos delante, lo que hacemos, entonces el extraño animal da un paso atrás, cuatro hombres nos rodean blandiendo en sus manos una especie de machetes, otra vez el interrogatorio, quieren saber quienes somos y a que venimos, le damos toda clase de explicaciones hasta hacerles comprender que venimos para ayudarlos, cuando entienden lo que les decimos, aparece de entre los matorrales una mujer de piel negra, quien dice ser Zanele, la compañera de Thabo.<br />
Siento no haber llegado antes –nos comenta Zanele&#8211;;pero nos ha sido imposible,  debido a que tenemos muchas bajas, nos ha invadido una epidemia de “coqueluche”, que no sabemos como atajar, cada vez somos mas los que la padecemos.</p>
<p align="right"><strong>continuará&#8230;</strong></p>
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